Desde 1990 BASIDA se dedica a la acogida y atención integral de personas en situación de exclusión social con graves problemáticas sociosanitarias, proporcionando un tratamiento interdisciplinar y personalizado.
Basida pretende acoger, atender y ofrecer una calidad de vida digan a aquellas personas de nuestra sociedad que, en un momento determinado, más lo necesitan por su condición física, psíquica, social o emocional.
En las casas de acogida de Basida se ofrece la oportunidad de recuperar la salud perdida, ver cubiertas las necesidades básicas y, sobre todo, encontrar un hogar y sentirse parte de una familia.
Basida atiende a perfiles muy diversos: enfermos crónicos, personas con problemas de adicción, ex reclusos.
En BASIDA, el voluntariado no es una acción puntual: es un proyecto de vida. Nuestro modelo se basa en un equipo estable de personas voluntarias —profesionales de distintas disciplinas— que, desde la entrega y la formación, acompañan procesos de vida con dignidad y compromiso. No contamos con personal contratado, pero sí con lo más valioso: personas que creen en lo que hacen y lo viven cada día.
Las Casas de Acogida de BASIDA son espacios de vida, acompañamiento y cuidado integral para personas en situación de exclusión social.
Las tres comparten una misma esencia: ofrecer un entorno seguro, humano y profesional donde reconstruir la vida, desde una atención personalizada, multidisciplinar y centrada en la persona.
En BASIDA, el compromiso va más allá de la ayuda puntual: es una forma de vida. Durante más de 35 años, nuestro modelo se ha sostenido gracias a un equipo de personas voluntarias que no solo colaboran, sino que viven el proyecto desde dentro. Profesionales de distintas disciplinas —enfermería, psicología, trabajo social, educación, acompañamiento espiritual— entregan su tiempo, su experiencia y su humanidad para acompañar procesos de vida complejos y devolver dignidad a quienes más lo necesitan.
Esta forma de organización, basada en la generosidad y la vocación, nos ha permitido mantener un modelo cercano, coherente y profundamente humano.
BASIDA se dedica a la acogida y atención integral de personas en situación de exclusión social con graves problemáticas sociosanitarias, proporcionando un tratamiento interdisciplinar y personalizado.
Nuestra intervención se fundamenta en el abordaje integral e interdisciplinar de sus necesidades, la escucha activa de sus preocupaciones y el tratamiento personalizado como herramientas para conseguir su bienestar y salud integral.
BASIDA no nació como una organización. Nació como una necesidad urgente, una respuesta humana. En los años 80, cuando el sida era sinónimo de soledad, miedo y estigma, un pequeño grupo de personas decidió abrir su casa.
Desde entonces, hemos seguido abriendo puertas a enfermos terminales, a personas rotas por las adicciones, a quienes dormían bajo puentes, a quienes ya no esperaban nada. Aquí no se ofrece caridad. Se ofrece compañía, hogar, oportunidades y confianza.
Promovemos hábitos saludables como base para la recuperación y la estabilidad personal. A través de una alimentación equilibrada, rutinas diarias estructuradas, cuidado de la salud física y emocional, y la convivencia responsable, las personas atendidas aprenden a mejorar su calidad de vida.
BASIDA es un espacio de cooperación donde residentes, profesionales y voluntariado trabajan juntos con un objetivo común: la recuperación y la inclusión social. El apoyo mutuo, la participación activa y la corresponsabilidad fomentan un clima solidario que impulsa el crecimiento personal y colectivo.
Siempre disponibles
Basida ofrece atención telefónica las 24 horas del día para resolver cualquier duda que pueda surgir. Además, responde de manera continua y ágil a todas las consultas que se plantean tanto por correo electrónico como por teléfono, garantizando un acompañamiento cercano y permanente.
“Son ya así 35 años de andadura, más de 1.400 personas que aquí han encontrado su casa, unas cien personas atendidas cada año, y muchos voluntarios que se han sumado a la comunidad para esta obra, Signo de Amor.
Desde hace años también una comunidad de oración nos arropa desde diversos rincones, una comunidad de otros yo que como a las Misioneras de la Caridad ofrecen sus oraciones para que lleguemos a atender las necesidades de cuantos están acogidos en nuestras casas.
Hay quien duda de su capacidad para ayudar a los demás, basándose en su cualificación profesional. Pero hay un curriculum imprescindible versado en empatía y generosidad, entrega y alegría, disponibilidad y ganas de aprender. Con ese, amén de la profesionalidad, se ha hecho realidad este proyecto.
Un brote del reino que hace siglos adelantó Isaías: “Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?” que entrelaza girones de vidas deshechas con quien las rehace ayudando a los demás.
Un brote que sigue esperando la respuesta generosa de quien quiera vivir su vida entera, para toda la vida, al servicio de los demás.”
El camino a la reinserción está cerca, como bien digo me queda poco para estar haciendo cosas que hacen las personas que están en sociedad: levantarme temprano para ir a trabajar, asearme, preparar lo que necesite, etc. Cumplir también un horario de trabajo, puntualidad, actitud, etc...
El caso es que estoy cada día más cerca, voy viendo las horas cada vez más claras, aunque sé que queda camino por recorrer.
Sigo en el instituto, es el segundo año, lo llevo mejor, se me quedan las cosas más fácilmente, estoy más involucrado, me entero mejor, pero no me puedo confiar, es un camino difícil.
También sigo en Basida, mi segunda casa, cada vez estoy más contento, estoy haciendo las cosas lo mejor posible y me siento orgulloso del esfuerzo que estoy haciendo.
Con la gente de la casa me llevo bien, intento hablar con ellos, aunque me cuesta mucho, pero tengo que tener relaciones con mis compañeros, porque la convivencia es más amena y lo mejor es relacionarte con ellos.
Las cosas en Basida son distintas a las del exterior. Cuando salgo noto un cambio notable, la gente es diferente, las actitudes son diferentes y a la gente de la calle se la ve disfrutar como si no tuvieran problemas como nosotros que estamos dentro. Yo estoy bastante motivado para seguir mi camino, no quiero dar pasos para atrás, me siento muy bien conmigo mismo y con la gente estoy más integrado.
Cada día que pasa sigo teniendo la misma esperanza que cuando entré. Día a día, semana a semana, hay algo por lo que luchar, mi meta ya a corto plazo es trabajar y ser más independiente.
Así que esta es mi vida hoy en día. Me despierto con una teoría: estando uno bien consigo mismo, las cosas que le pasan son mejores y se es más feliz. Lo más importante es ser más feliz y hacer más feliz a los demás.”
“Y es que BASIDA ya no es un simple voluntariado; BASIDA es una forma de vida, una familia que se lleva en el corazón, aunque pasen los años y los caminos se separen.
Porque lo que se vive aquí no se olvida. Lo que aquí se aprende se queda grabado para siempre.
Convivir, compartir, acompañar, escuchar, cuidar, llorar y reír juntos… todo eso nos une, nos transforma y nos hace mejores personas.
Y por eso, cada día, cuando me levanto, doy gracias. Gracias a Dios por esta vida. Gracias por haberme puesto en este camino. Gracias por cada persona que forma parte de este proyecto, por cada historia, por cada lección, por cada abrazo. Gracias por los que están, por los que estuvieron y por los que vendrán.
Por ellos estoy aquí. Por ellos sigo aquí. Y mientras me lo permitan, seguiré caminando con la misma ilusión, con el mismo compromiso y con el mismo amor con el que empecé hace siete años.
Porque esto no es solo una labor, es una misión de vida, una familia, y el mayor regalo que la vida me ha podido dar.”
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